martes, 21 de noviembre de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (y 3 de agosto del 2016)

-Las danzas regionales que interpretaba la Compañía de Antonio el Bailarín, ¿tenían algo que ver con el flamenco?
-No tenía que ver una cosa con la otra. Para nada. Cuando bailaba las danzas vascas me sentía que era un vasco, y si bailaba las danzas gallegas me sentía que era un gallego. Además las danzas gallegas, que son tan poco conocidas, son tan fuertes o superiores como cualquier danza folclórica de Rusia, por ejemplo. Las danzas gallegas tenían un paso a cuatro que era la hostia (reproduce el paso golpeando las dos manos en la mesa con fuerza), de rodillas y de pies, dando media vuelta y girando, así que fíjate.
-¿Cómo las vivían los gallegos cuando las interpretabais?
-Los gallegos se volvían locos al verlas. Hubo una anécdota una vez que actuamos allí. El Diario de Vigo publicó que habíamos dejado a Vigo sin leche, porque se quedaron a ver el espectáculo y no pudieron ordeñar las vacas. Increíble. Era impresionante.
-No sólo en Galicia las representabais, sino en cualquier lugar, las danzas gallegas y las vascas.
-Sí, claro. Las danzas vascas son preciosas. Solíamos bailarlas con los trajes de vasco-francés.
-¿Qué diferencia hay?
-Muy grande. El traje vasco-español es el pantalón blanco, la faja roja y la camisa blanca y arremangada. El vasco-francés, el pantalón va hasta debajo de la rodilla, pegado al cuerpo, y encima de la chaqueta un pectoral con unos dibujos preciosos. Las interpretábamos en todos los sitios, dentro y fuera de España (entra Puri, su mujer, para recoger unas cajas vacías de medicinas que toma Rodolfo e ir a la farmacia por otras).

'Fantasía galaica' (Rodolfo, al fondo dcha.). Foto de Juan Gyenes.

-¿Teníais danzas castellanas?
-Teníamos ‘El segoviano esquivo’, que era una coreografía de Antonio sobre los bailes de Segovia y Castilla la Vieja; con una sobriedad. Lo que somos. Posiblemente, los bailes que más me gustan dentro de los bailes castellanos son los de Salamanca.
-¿Por?
-Porque tienen pasos muy bonitos, muy elegantes, muy limpios, claros de ver. Por eso.
-¿Tú crees que el baile flamenco ha recogido algo de estas danzas?
-Pues, yo creo que el baile flamenco, a dios gracias, no ha necesitado nada de eso. Digo a dios gracias porque el flamenco es flamenco, y eso ya es mucho. Una categoría excepcional.
-Pero, en el cante, sí hay palos que se relaciona con canciones folklóricas como la jota.
-Bueno, es que tiene que ver mucho que ver con la jota aragonesa. El baile es una necesidad tanto espiritual como fisiológica. Ne-ce-si-dad. Y te digo, según la altitud del territorio así se baila. Se dan saltos en los sitios con mayor altitud, y se baila más pegado a la tierra en los de menos, como puede ser Castilla. En las jotas de Huesca dan unos saltos como cabras. La tierra tiene que ver en todo.
(Bosteza. Llega el momento de hacerle esta pregunta, motivada por lo que me han dicho algunas de las mujeres relacionadas con este libro, que me decían si iba a salir en él Puri su segunda mujer; entiendo por qué lo dicen, y me espero cualquier reacción de Rodolfo).
-¿Cuánto tiempo estuviste casado con Rosa España (su primera mujer)?
-Ay, no me acuerdo. Por qué me tengo yo… estas cosas ni se hablan, hombre…
-Entonces, no te pregunto cuándo conociste a Puri.
-Pues, tampoco me acuerdo. Sí, hombre, sí me acuerdo cuando conocí a Puri, pero no te puedo decir la fecha. En la calle Gabilondo (golpea en la mesa, levanta la voz) con una amiga, que estaban sentadas en una cafetería, al lado del Moka, que hacia esquina con el Paseo Zorrilla. Ahí la conocí. Venga sí. Pero que no sé en qué fecha. No sé por qué, pero nunca me he preocupado (imita una voz como de cotilla) oye y tú cuánto tiempo… Estas cosas ni se hablan, es que por decoro mismo, da cierto respeto, sobre esta intimidad ¡qué tiene que ver con los bailes! Y además, si tú ya lo sabes, entonces ¿para qué coño lo preguntas? (risas) Que te pillo (risas).
(Suena mi móvil. Es Carmen, mi encanto. Yo también me acuerdo de cuándo la conocí. “¿Qué?”, me dice, “que si estás con el loco de Rodolfo”. Le vuelvo a preguntar sobre algunas historias que me ha contado, es el último día de grabaciones, por ver si se ha olvidado algún detalle. Repaso a sus inicios con Doña Ramona, cuando es despedido por Antonio de la Compañía, cuando baila para Carmen Amaya, sobre la homosexualidad –“yo no”-, Camarón y el purismo, Antonio Mairena...
Era una biblioteca entera del flamenco. Y eso que era parguela ¿y qué? Pero no presumía nunca de ello, ni hacía mariconadas ni nada. No cambia para el que le gusta el flamenco, porque era flamenco de verdad. Con ‘sustansia’, decía él. Le respetaban todos. Era un compadre más para los flamencos. 

Antonio Mairena hace el cante rodeado de flamencos.

-Después de las actuaciones ¿había fans esperando a la salida?
-No sé qué dices.
-Mujeres, que os esperaban a la salida, para pedir autógrafos…
-Claro que sí… Pero esas vanidades… te digo, que no me han ido nunca. Tú no sabes lo que era el flamenco, entonces. En Inglaterra, se tiraban noches enteras haciendo colas, con una silla, de esas plegables, para sacar las entradas, vendidas todas. Era increíble. Te comían. Me haces recordar cosas..
-Y os encontraríais con españoles, exiliados (a causa de la guerra civil y la dictadura franquista).
-Joder, pobrecitos, no me recuerdes esto que te pego una hostia, se me saltan las lágrimas, pelele (se emociona, se levanta y pasea por la habitación). Estaban… no podían pasar la frontera, mierda… era horrible.
-¿Les daría mucha alegría,también, el veros bailar…?
-Sí, se alegraban de vernos, y lloraban también. Porque no podían pasar la frontera (con tono enfadado). Y sin su familia, y su tierra y todo por un cabrón (golpe en la mesa). Eso lo he vivido muy malamente. Porque me daba dolor, no tristeza, dolor.
Abre un cajón, coge un caramelo, me invita; hablamos de cantes libres, de la religiosidad del flamenco… 
-Viniendo de Francia, todo un vagón, con nosotros, con guitarristas, cantaores. Y era Semana Santa. Y esos cabrones acordándose, cabrones en el buen sentido, acordándose de su Semana Santa, de su tierra, de todo… jooooder… se ponían a cantar saetas, tocar la guitarra: y llorando todos.

De izq. a dcha.: Carmen Amaya, Antonio, Rosita Segovia, Chocolate, Rodolfo.

-Ahora parece que el flamenco goza de un respeto, digamos, generalizado, desde las instituciones a público no aficionado. Parece que ha cambiado la percepción…
-Claro, ahora todo ha cambiado, pero para peor. ¿Tú crees que ahora tienen el mismo sentimiento que tenían los grandes cantaores y cantaoras? Ahí están las vivencias. El arte no sale tan fácil. Sale con dolor, con cojones; con un dolor, que son espinas. Y es el saltártelo, no admitirlo. La rebeldía ¿Dónde coño hay rebeldía ahora? Una cosa es que han copiado, pero no tienen esa rebeldía que les implicaba a ser partícipes absolutos del momento, de la rabia, del amor, del fracaso, de todo. Pues eso es el flamenco. Ahora hay cantaores y cantaoras que han aprendido de los otros y ya está, y son copias de copias.
-Bueno, hay algunos y algunas, pocos, que buscan su personalidad, que no quieren ser una copia, les cuesta o nos cuesta identificar esa personalidad con tanto referente flamenco del pasado como se tiene. Hace poco vi un vídeo de Rocío Márquez que fue a cantar a una mina de León donde permanecían encerrados unos mineros, que probablemente no escuchan flamenco.
-Ya, y les hace sentir y lo captan… La Niña los Peines.

 
Fotografías: Pablo Gestoso.

(Foto del reconocimiento a Rodolfo Otero en las 14 Jornadas Flamencas 'Ciudad de Valladolid' -junio 2017-: A toda una vida dedicada a la danza y baile flamenco; su tesón, compromiso y trayectoria artística, le llevaron a compartir escenario con los artistas más importantes de su época, paseando el nombre de Valladolid por los principales escenarios de todo el mundo, y contribuir a la dignificación y expansión del Arte Flamenco".
De izquierda a derecha: Pedro Sanz, director de las Jornadas; Rodolfo; Manuel Navarro, gerente de la Fundación Cante de las Minas; Silvia Verdugo, cantaora; José María Vázquez Gaztelu.
En la siguiente foto, con Blanca del Rey, a quien también se rindió un reconocimiento).

sábado, 18 de noviembre de 2017

Este domingo, homenaje al tocaor vallisoletano Luis Lara, con Rafael de Utrera (Teatro Cervantes. Valladolid)

Este domingo la afición flamenca de Valladolid rinde homenaje, reconocimiento al tocaor Luis Lara, en el Teatro Cervantes. Participarán guitarristas a quienes ha enseñado toque, compartido escenarios, y aficionados al cante a los que ha acompañado durante toda una vida de guitarrista. Con todos ha compartido su afición al flamenco, siguiendo la estela de su maestro, Amador González, como Luis Lara presto a poner su toque a disposición de quien quisiera hacerse un cante. Este es el cartel con los participantes al acto de este domingo, en el que también habrá baile. Todo de esta tierra.


Y un invitado: Rafael de Utrera. Porque el mundo de Luis Lara es el flamenco y la presencia del cantaor preferido, habitual de Vicente Amigo así viene a señalarlo y reconocerlo.
Una breve reseña de la trayectoria de Luis Lara tomada de la web del Teatro Cervantes: Nacido en Valladolid, comenzó sus estudios de guitarra a la edad de 17 años como aficionado. D. Amador González, uno de los pocos maestros del flamenco y la guitarra que había en Valladolid, le inició en este arte.
Posteriormente, se traslada a Madrid aprovechando el servicio militar. Sus referentes en el toque: Ramón Montoya, Sabicas, Niño Ricardo.
Después de practicar en diferentes escuelas de danza y perfeccionar la guitarra de acompañamiento dentro de la danza y el cante flamenco consigue el carnet de profesional en la especialidad de guitarra flamenca en el teatro Calderón de Madrid.
A partir de aquí fueron múltiples los trabajos que desarrollaría a lo largo de la geografía española, trabajando con distintos ballets de flamenco hasta que se instaló definitivamente en la tierra que lo vio nacer, Valladolid.
Aquí, clases particulares, colabora con la escuela de danza de Mariemma... actualmente sigue impartiendo clases y acompaña al Coro Rociero de la Casa de Andalucía de Valladolid.

Acompañanado el cante de Diego.

Yo le conocí a principios de la década de los 90. Tenía ese aspecto reservado de los tocaores, que creo yo tienen. En mi recuerdo aparece Luis Lara como el primer tocaor vallisoletano que conocí (cuando yo empezaba a entrar en el flamenco); coincidiría en algunos actos y recitales de aficionados vallisoletanos. Me alegra saber que sigue ahí y que se le rinde este homenaje.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (2 de agosto del 2016)

Últimos días de grabación. Intentamos concretar la fecha de incorporación a la Compañía de Antonio el Bailarín, “bailaba solo flamenco, con el cuadro de flamenco”; me cuenta que no dormía por las noches y “cogía el caballete y me ponía a pintar”; y le pregunto por el dinero:

-No creo haberle dado mucha importancia al dinero. Me lo gastaba. Muy bien, gastado.
-En todos estos libros y objetos que tienes a punta pala por casa.
-Nunca me ha importado el dinero, me ha importado más las cosas que me gustaban… que, claro, el dinero estaba entre medias.
-¿Se ganaba dinero con Antonio?
-Mucho, no, pero se ganaba dinero.
-¿Se ganaba en función del escalafón que ocupara cada uno dentro de la Compañía?
-No lo sé, a cada uno le hacía un contrato, así que no sé… con Antonio Mairena, por ejemplo, no tenía contrato, era verbal.
-Pero tenías Seguridad Social.
-Sí, está todo eso pagado, pero luego se ha encargado aquí (Valladolid) un cabrón de juez que había, que se ha jubilado, que le veo por la calle y digo, Rodolfo que no tienes que tener rencor. Pero se le tengo. Me dan ganas de meterle una hostia. Porque me negó que había trabajado yo en la televisión. Para las cotizaciones, para este cabrón que estaba en la calle Gamazo, pues yo no había trabajado. Y al no tener eso devengado en la Seguridad Social no contaba para la pensión que me pudieran haber dejado. Una mierda es lo que me ha quedado ¡por cupadelcabrónese!... Vaya una mierda de yogur, tiene unas briznitas de no sé qué hostias y se me meten en los dientes. ¿Qué pone ahí? (señala la etiqueta del yogur). 
-Con cereales y fibra.
-Eso es.


-¿No llegaste a ir a Rusia?
-¿Qué dices? Ni a ningún país de la órbita soviética. 
Se levanta y sale de la habitación; vuelve con una caja de la que saca varios pasaportes de distintas formas, tamaños, según los años. El más antiguo es de 1954, su primera salida fuera de España. Sellos de Francia, Gran Bretaña, Alemania, Suiza, Bélgica, Italia… El más reciente es de los 70, donde figura la prohibición, por parte de la dictadura franquista española,  de entrar en la URSS y “países satélite”, dice Rodolfo, a sus nacionales. Sigo viendo pasaportes, tomo notas… (año 1955) sellos de Beirut, Alejandría, Washington, París…  Motivo del viaje: tournée théâtral. 
-Uruguay… en barco, ¿cuánto duraba la travesía?
-Unos 15 días.
-¿Ensayabais en el barco?
-Sí, hacíamos clases de ballet, en el barco; dos horas, para estar en forma. 
Pasaportes del 63, 64, ya no estaba con Antonio, ¿viajes de placer? 
-No, siempre estaba currando. Esa es mi mujer (la primera).
-Cuando te despidió Antonio, ¿también se fue tu mujer de la Compañía?
-Pues no me acuerdo ahora mismo, pero la lógica es así. 
Pasaporte con sellos de entrada y salida de Sudáfrica, fechas: 23-6-1959/3-7-1959. Rodolfo lee en inglés. “The teacher speak very well”, (¿mal?)digo. 
-He dado clases de francés e inglés aquí (en casa), guapín. 
Me dice en francés, que tenía un amigo, una de las personas que aportaba algo aquí , en Valladolid a la cultura, “il vendait du poisson. Peces, no veneno.  Que tenía una tienda de acuarios. A ese le di clases de inglés, por ejemplo” (pez y veneno tienen una pronunciación parecida en francés).
-Cuando salí de aquí, de España, a esos países, no sabía nada de nada, me cogían el dinero de las manos porque no sabía lo que me decían. Y me dio tanta rabia que aprendí de cojones, de bien para arriba. Estaba en Nueva York y me daba clases de francés mi novia francesa, que tenía la carrera abogada, anda jódete Manuel. Sí, la millonaria, Jacqueline Milland. Era muy culta. Viajaba con su hermano en un 15 ligero Citroën. Aquí (en su casa) estuvieron, su hermano y ella.
-¿Vivía tu madre?
-Sí, claro.
Rodolfo, dcha, con Ángel Currás, Antonio y dos bailarinas de la compañía, de gira en barco.


-Tu hermano Publio qué pensaba de tu actividad como bailarín.
-Ah, él encantado. Era un artista, joder. Se marchó a Francia con Capuletti (ladra Blackie, la perra, y entra en la habitación). Cuando yo me escapé a Madrid, con diez años, él me acompañó a la estación.
-¿Cuántos años mayor que tú era Publio?
-Dos años y medio.
-Tu familia era como de clase media, si es que había algo parecido en España, en aquellos años.
-Pues, sí. Luego, la jodida, murió mi hermano (Rubén, el mayor). Y entré en una tienda de comestibles, para llenarme los bolsillos de higos, por ejemplo. Tenía los bolsillos de los pantalones con cera, de la melaza que sale de los higos… luego estuve en otra. Una estaba donde está ahora (me parece entender) la iglesia de la Plaza España, una mantequería. La otra, estaba en la calle María de Molina, se llamaba Miguel Castelló , de una familia que se dedicaba al comercio de comestibles y tenían tres o cuatro tiendas.
-Y cambias a Sederías de Oriente.
-Fue porque había gente que me veía que era un niño educado, que tenía otra clase para ser recadero de estas tiendas, y me decían: “¿y tú cómo te has metido en esto?”, me veían distinto. Mi mamá se enteró del trabajo en Sederías y entré ahí de repartidor, que no se llamaban entonces así, se llamaban ‘espada’, el ayudante del encargado, porque era el que pinchaba a las mujeres y las entretenía, mientras él cogía otras ¿me entiendes? Vendiendo a dos bandas.
-Tu madre, como modista, ¿trabajaba para esta tienda de telas?
-No, pero era conocida como modista. Trabajaba mucha, y era muy buena. Y enseñaba a coser, ¿tú conociste a Teodora? (vivía en el mismo edificio nuestro, también fue vecina mía), la enseñó a coser, aquí, en casa.
-El padre de ella denunció al tuyo.
-Sí, eran católicos, apostólicos y romanos, de Valladolid. Qué cosas… Te voy a contar una cosa que no la he contado nunca a nadie. Para ver las bragas de Teodora  me metía en un cesto de mimbre que había en el cuarto de baño, y del pudor que me daba… no miraba cuando se bajaba las bragas. Eres el único en el mundo (risas).

jueves, 9 de noviembre de 2017

Miércoles, presentación libro flamenco; este viernes, recital flamenco: Teatro Cervantes (Valladolid)

Ayer miércoles se presentó el libro, Historia cronológica del flamenco y sus estilos, de Luis Antonio Presa Cernuda. Fue en el Teatro Cervantes donde este viernes la cantaora zamorana Eva Valle ofrecerá un recital, dentro del ciclo 'La mujer en el flamenco', de claro protagonismo local-regional (horarios y demás información en el cartel).


"Desde muy joven me gustaba el flamenco, he estado ligado a la música como aficionado. Durante más de treinta años he formado varias agrupaciones de músicos, como pequeñas bandas y orquestas recorriendo los pueblos en fiestas de la región Castellano Leonesa. Después de dejar esta actividad, me dedico a estudiar el flamenco, retomando el ejercicio de la guitarra Flamenca para satisfacción propia". De esta forma se presenta Luis en su blog Todoflamenco, y parecido texto puede encontrarse en el libro, cuya presentación reunió a un buen número de aficionad@s flamenc@s y amig@s del autor.


Cuatro años ha invertido para realizar esta obra didáctica hecha en Valladolid, "para los aficionados y la gente que tenga interés en conocer el flamenco, su historia, los estilos que se van creando y cómo se van creando, su música y su compás", dijo ayer Luis sobre su libro, que se acompaña de un disco, "en el que he incluido 183 estilos, ¿son muchos?, yo tengo unos apuntes donde los estilos de flamenco llegan a ser más de ochocientos y otros que estoy descubriendo y que ya no se cantan como la petenera por soleá".
Luis ha pretendido hacer un libro "sencillo" en cuanto a número de páginas y "ameno" de contenido, desde la historia del flamenco -"yo aquí no invento nada, está todo escrito"- hasta las explicaciones técnicas necesarias para hacer el toque, el cante, el baile, las palmas por los diversos estilos flamencos -los principales, sus variantes y derivados-, tanto por escrito como en audio por medio del cd adjunto.
Historia cronológica del flamenco y sus estilos ha contado con una primera edición de cien ejemplares, ya agotada, como señaló Luis, "pero ya está encargada la segunda, para finales de noviembre la tendréis; y que lo disfrutéis".
Como remate de la presentación Óscar Vecino, al cante, y Faustino Dueñas, a la guitarra, interpretaron varios cantes; y a continuación, Conchita Milán (voz) y Óscar Vecino (guitarra) despidieron un acto donde se puso de manifiesto la inquietud de la afición flamenca vallisoletana, que cuando menos te lo esperas se hace visible con propuestas como la del libro de Luis Presa Cernuda, un inquieto animador del flamenco en Valladolid a través de diversas iniciativas, la de su blog, la de las Aulas Flamencas que ha vuelto a realizar en la localidad vallisoletana de Zaratán -muy cerca de la capital- y muy en la línea de su libro, o las que realiza en el Teatro Cervantes colaborando en la celebración de recitales, como el que este viernes trae a Eva Valle, una joven cantaora, que parece decidida a seguir dando pasos en pos de una trayectoria cada vez más profesional.

lunes, 6 de noviembre de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (1 de agosto del 2016)

(Hablamos de cuando entra en la Compañía de Antonio el Bailarín; debe ser a mediados entre el debut en junio de 1953 y noviembre, mes este en el que ya aparece el nombre de Rodolfo en los carteles publicitarios).
-Cuando yo entré la compañía era muy limitada, habría como mucho unos ocho solistas. Y todos tenían terminada la carrera de Bellas Artes, que entonces es donde se estudiaba danza, menos yo que no tenía ninguna carrera, de nada de nada. Luego fue incrementando la compañía. Victoria Eugenia, Rosario Calleja, que su padre era de aquí de Valladolid, tendero, de Medina de Rioseco. Ya estaban allí cuando entré.
-¿Te acuerdas dónde debutas?
-Sí, en Bilbao.
-Cuando empieza el montaje del Sombrero de tres picos… ¿qué recuerdas?
-Sí lo recuerdo, como que fui yo el que le dije (a Antonio) que lo hiciera. Porque, le digo, es que la cosa tiene mucha gracia que antes ya esté montada por una compañía extranjera. Y usted que es español y tiene todo el baile español, que no lo ha hecho usted. Y entonces la hizo.
-Antonio lo había hecho con Leonide Massine, antes…
-Sí, y con Mariemma, en la Scala de Milán. Y en fragmentos con Rosario.
-¿Cómo fue eso de decirle que por qué no montaba el Sombrero?
-Pues muy fácil, siendo tan imprudente, por la juventud, para decírselo que lo hiciera. Y entonces, yo hice, el Corregidor.
-Tú no tenías en mente hacer nada.
-¿Qué dices?, que iba yo…
-¿Cuántas veces se representó el Sombrero?
-Más de 1000 veces (ríe suavemente).
-Eso son muchas veces.
-Muchas.


-Dicen que es la mejor coreografía de conjunto y que ésta en la que tú participas no ha sido superada ni cuando Antonio la volvió a hacer años después, ni tampoco por otros que también la han montado (permanece en silencio; la tele está encendida, sin sonido, aparece José Menese -fallecido el 29 de julio-, y a continuación el guitarrista Antonio Carrión, “le acompañó muchas veces”, digo; sube el volumen, Carrión toca la guitarra, aparecen dos chicas, una canta, otra baila.  “¡Qué sosita eres, hija de la gran puta!”, dice Rodolfo con acento andaluz). 
-El rostro en el baile, ¿debe expresar lo que siente o es una misma cara?
-No, hombre, no, es lo primero que has dicho. Es que el baile flamenco es una descomposición ¡compuesta! de movimientos que salen de los intestinos. Ese es el baile flamenco… Pal menda (risas). Pal menda lerenda que le gusta el turrón de almendra. Cuando hacen ¡aaayyy! Es de aquí (señala su estómago), sino se canta con eso, no… un sentimiento que arrastra todo como si fuera un volcán.
-“Descomposición compuesta”.
-Es equilibrar los sentimientos. Dominarles. Y hacerles armonía. Consiste en eso.
-Muy bien dicho. ¡Tirar los sombreros!
-Ooole y ole.
-¿Va a estar Ana en el estudio esta semana?
-Se va de vacaciones, diecisiete días, ¿por qué?
-Quería hablar con ella.
-Se va a Caí, cómo no. Y a Portugal.
-Bien. Oye, esos cuadros que tienes en la habitación de al lado, de cristos, vírgenes, ¿los has pintado tú?
-Alguno, si se llama a eso pintar. Yo no soy pintor. Pero vamos, les he hecho.
-Hombre, algún conocimiento de pintar parece que tienes.
-La cosa es bien sencilla, o moriles o montilla, es que mi padre pintaba mi padre era la hostia. Lo que no podía, bailar, porque era cojo. Llevaba una muleta. Estaba cojo a raíz de una enfermedad, que le encogió la pierna, la izquierda. Entonces, iba con una muleta. Con la muleta también te daba alguna (risas).
-Un personaje, tu padre.
-Jooder, ¿le has visto en las fotos?
-Sí, las del colegio, esa que está en pose de boxeo, ¿también fue boxeador?
-No, pero te daba una hostia y era como si fuera Joe Louis. Y con la muleta, si no llegaba. Era como un gancho, te pillaba por el pasillo. Mi padre no era un personaje, era un tío cultísimo. Sabía griego, latín, inglés, francés, alemán, italiano… joooder, la hostia… y eso que no había viajado a esos países. Luego, los aprendió mi hermano, el que se ahogó, Rubén. Ese era monstruo. A lo mejor se levantaba a las cinco o seis de la mañana y se ponía a estudiar. Sin que se lo mandara nadie. Con 18 años era profesor de Mercantil en la escuela de…
-¿Con 18 años?
-Y qué. Si era un monstruo. Y ¡se hizo el bachillerato en un año! Con dispensa de escolaridad, que se llamaba. Sí, señor. Mi padre, en una ocasión, celoso de lo que sabía su hijo, y  le echó mano al pescuezo. Te lo cuento como una cosa única, que pasó solo esa vez. Luego mi hermano daba clases aquí (en su casa) de idiomas, cuando murió mi padre, clases a abogados, de todo venían. Era un superdotado, sí. Y lo era por el trabajo y por el estudio. Y que se le quedaba, lo que estudiaba, porque si estudias y lo cagas, pues se te va… por el váter. Y también le dio por la pintura, y pintaba, y mejor que mi hermano Publio. Ven, ven que esto es historia. 
Me conduce a una habitación para enseñarme un cuadro, un retrato pequeño: “Es la hija de Centeno, Rosario, el dueño de todo esto -el edificio donde vive- y de la fábrica de ladrillos. Fíjate como está pintado, y no tenía 18 años. Y mira ahí, a covás”. Es un dibujo de un abuelo con un niño, a lápiz. Rodolfo orgulloso. Pasamos a ver otros cuadros, de otra habitación. Jesucristos, vírgenes, ángeles. Dos con la firma de Corral,“es un barero, gallego, que tenía el bar Olar, en la calle Cardenal Cisneros”. 
Aparece una foto enmarcada de sus padres, su abuelo – por parte de padre-, “era conserje de la Escuela de Comercio, de León. No llegue a conocerle. A mi abuela, sí. Majísima, la cabrona. Isabel se llamaba. Fufito, decía por mí (risas). Fofito me llamaban y ella decía Fufito”.


Dos cuadros de Isla, pintor vallisoletano, “se los cambié por una máquina compuesta de ebanistería, cepilladora-serradora y hostias. Ha desparecido y no sé, no he vuelto a saber nada de él”. Aquí, los cuadros, de vírgenes, cristos… 
-¿Tú rezas?
-¿Yo? Sí, hombre. No jodas. Yo soy profundamente religioso.
-Pero no vas a misa.
-¿Y qué cojones tiene que ver una cosa con la otra? (Señala un cuadro colocado en el caballete). Ese fue un homenaje que le hice a ese que mataron, Blanco. En memoria suya. Que por cierto ha gustado mucho a mucha gente (un campo, a la derecha una iglesia, noche, líneas rojas que caen tapan el cielo; miramos motos en miniatura, volvemos a la habitación donde grabamos, el cuarto de estar).
-Ayer leyendo no sé qué, encontré una frase de Emma Goldman, una mujer anarquista, luchadora por los derechos de la mujer, y los hombres, que decía: “Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa”.
-Pues muy bien (con acento andaluz), Con dos cojones y un palito.
(En la tele, un hombre mayor acompañado a la guitarra por un chaval, canta un fandango cuya letra menciona a Jesucristo, le digo que yo soy poco religioso, aunque me llaman la atención algunas cosas, conceptuales, digamos).
-A mí (Rodolfo), es que con lo que no hago mucha comunión es con la Iglesia. O sea, elijo. Lo que me interesa y lo que quiero, dentro de lo que está establecido.
-De la religión católica.
-Hombre, claro, sí, no tengas la menor duda.
-Y ¿qué encuentras en la religión católica?
-Joder, no me jodas. Jesucristo: el ejemplo del ser humano, que dio la vida por nosotros. Para mí, es el único y verdadero modelo de lo que es la grandeza, la humildad. No hay nada más grande que la (baja la voz) verdadera humildad. Y no impuesta, sino sentida.
-¿Cuándo empiezas con esta religiosidad?
-Hombre, entro porque en casa, mi madre era religiosa, sin ser fanática; mi padre, en esa época, como era director de escuela y había que dar ejemplo...
-Era una convención social para él ¿o tenía convicciones religiosas?
-Sí, lo era, era cofrade del Cristo de la Luz, el cristo de la inteligencia, de los docentes. 
Entramos en una discusión sobre la religión, extensa; extraigo algunos comentarios de Rodolfo: “La religión está basada en el bien y en el mal; en lo bueno y en lo malo. Y yo elijo, lógicamente, lo bueno. Ahora, que yo lo profese… me encantaría ser siempre bueno. Me encantaría… amaros los unos a los otros. Y yo, a lo mejor hay un hijo puta, y no; o sea que, fallo ahí. ¿Qué otra religión es mejor que la católica? Fíjate si Jesucristo no doy lecciones, dio su vida por la humanidad, para en-se-ñar-nos… una enseñanza espiritual y también carnal. Ahí está lo jodido. Le clavaron la corona de espinas, le hicieron llevar la cruz hasta el Calvario, le crucificaron…".

miércoles, 1 de noviembre de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (28 de julio del 2016 - y II)



-¿Le hicieron un homenaje a Vicente Escudero aquí, en Valladolid?
-No me suena. En Barcelona, sí.
(La tele sigue puesta, sin sonido -la tele andaluza-, sale la Cátedra de Flamencología de Jerez, aparecen los retratos flamencos de Capuletti).
-Era muy amigo de mi hermano Publio, que en paz descanse. Su padre tenía una peluquería, Peluquería Lillo, en la calle Santiago. Y estaba Capuletti, que el hombre no sabía qué hacer, porque, claro, estaba asediado. Llevaba unas patillas, unos pelos… no le dejaban ser como él era. Y era un dibujante de primera categoría. Vino una vez a casa porque mi hermano le dejó unos libros que eran de mi padre.
-¿Ya tenía una trayectoria, aquí, como pintor?
-Sí, la trayectoria que te dejaban tener en Valladolid (años 40-50; franquismo). Aquí se hizo, y aquí a luchar, con todo. Hasta que se fue. En un pueblo de Sevilla se instaló, sí.
-Ese homenaje a Escudero fue al final de sus días, para recaudar fondos porque no lo estaba pasando bien, en lo económico
-Sí. Dijeron que se lo iban a dar en un bar que había en la Plaza del Val, el dinero que recolectaron. No sé, al final creo que le hicieron una guarrada. El homenaje fue en el Calderón.
-¿Una guarrada le hicieron?
-Se quedaron con el dinero, lo que recaudaron, le mangaron o lo que fuera. Sí, sí, lo que estás oyendo. ¿Quién? No sé. Valladolid-Campo Grande. Ancha es Castilla, hala a tomar por culo (risas). 


-Hoy he estado hablando con un colega que tiene un grupo y se queja de que no hacen caso a los músicos de aquí.
-Aquí había un grupo muy famoso, que era de las Delicias.
-Celtas Cortos.
-Sí.
-Estos tuvieron suerte. Y la suerte…
-Ya te conté lo de mi hermano y otros que pusieron una exposición en el Campo Grande y se tuvieron que llevar las pinturas en carros e ir corriendo para casa porque les hostiaban. ¡Joder! Lo único fue la protección que tuvieron por [Cayetano de Mergelina y Luna] Mergelina, el rector de la Universidad, e hicieron la exposición en el Palacio de Santa Cruz, que era de la Universidad. Entre esos pintores estaba Gerardo Pintado, que era un gran pintor, hizo el Tragaldabas, también, ahí le tienes, todavía, creo. Para los niños.
-En Valladolid la relación entre artistas e instituciones es problemática. Como que dando dinero se cumple.
-Ni eso, si quiera.
-Recuerdo en unas fiestas de Valladolid a un grupo llamado Los Nadie…
-¿Los Nadie? No les he conocido.
-Sí, tuvieron su importancia en los 80. Pues, actuaba en la Playa de las Moreras y en medio de su actuación comenzó a tirar al público, en monedas de quinientas pesetas, el dinero que le había dado el Ayuntamiento por su actuación, como protesta ante esa ‘relación’ cultura-instituciones.
-Eso lo hacía el mejor charlatán que ha habido, de España: León Salvador, de Valladolid. Vendedor, cuchillas de afeitar El Indio, y lo que fuera. El más famoso charlatán de toda España. Y decía para dejar a toda la gente cautiva, ¡aquí (golpe en la mesa) murió Sansón y todos los filisteos!  Y tiraba el dinero, que tenía metido en un sombrero, y la gente aaah, a recoger el dinero. Ya tenía la maraña atenta (risas). En toda la Plaza Mayor. No había otro charlatán, el mejor. Tenía una mojarra que pegaba, tela. Eso era un personaje de verdad. Levantaba la maleta y ahí empezaba el invento. Como no había entretenimiento en aquellos tiempos, era una diversión, que te lo pasabas fenómeno estando allí de oyente y vidente.
-Voy a esperar a Puri para ver si ha conseguido que funcione el vídeo y ver la actuación que dieron las alumnas de tu escuela en Palencia, que está grabado en VHS, el antiguo ese.
-Ah, no sé.


-Oye, ¿había boxeadores aquí, en Valladolid, que fueran famosos o algo así?
-Sí, hombre. Estaba Garrido, boxeador, de la Plaza de la Cruz Verde, sin ir más lejos (la plaza está al lado de donde vive). Peso medio. Era buenísimo. Y el cabrón se saltaba, para entrenarse, una caseta que había donde vendían pan o vendían hostias. Era muy bueno. A nivel nacional. Con Luis de Santiago ha boxeado y todos esos.
-Y ¿de los americanos?
-Me gustaba Joe Louis, el mejor que ha habido; tenía un juego de piernas, que siendo peso pesado, era como un bailarín, como que no pesaba nada.
-¿Ibas al cine, de niño?
-Joder, y me colaba y todo. Me agarraba a los capotes de los militares, me metía dentro de ellos, y entraba (río). Que sí, lo hacíamos los chavales así. Al Capitol, Lafuente, al Pradera. Y a ese que te he dicho de los Maristas, de la calle 2 de Mayo. El Hispania, se llamaba.
-¿Qué películas te gustaban?
-Me gustaban las películas de asaltadores, o de Nick Carter, de Buffalo Bill… He ido mucho al cine. Iba también al cine de los Luises y los Koskas, curas, encima te daban de merendar, un cacho de pan y una onza de chocolate; también los del San José tenían cine, estos eran jesuitas. Allí estudió mi sobrino. Pero se tuvo que marchar porque un cura le quería meter mano. Según él.