lunes, 18 de septiembre de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (20 de julio del 2016 - I)

-He pedido a la biblioteca (Pública  de Valladolid) que me consigan el libro de Gyenes sobre Antonioel Bailarín de España’.
-Le he conocido. A él. Era húngaro, y judío.
-El libro es el resultado de seguir durante doce o trece años al ballet.
-Qué pena no tenerle (sí que lo tiene, en el estudio de danza).
-Se publicó en el 1963/1964. Seguro que sales.
-No sé. Se supone.



-¿Qué tal eras tú como maestro de baile?
-¿A dónde?
-Enseñando a los demás a bailar.
-Te metía una hostia. Maricón. Si tengo la maestra, que la he hecho yo maestra. ¿Qué tal soy? Si es una excepción, Ana, una excepción. Baila como los ángeles. ¡Qué tal soy como maestro! ¡Vete a ver a Ana, coño! Se me cae la baba a mí de ver a Ana, Ana Montero.
-Sí, la conozco, ¿se dedica sólo a dar clases de baile o trabaja en algo, aparte?
-Que yo sepa, no sé si ahora sube a un… sanatorio de ancianos o algo así.
-¿Ella no ha hecho carrera en el baile?
-No, no, solamente ha dado clases y sigue dando clases, en el estudio. Y es algo fabuloso. Te digo que se me cae la baba a mí, de verla.  Desde los pies, lo que nadie hace, claro. Por eso, porque la he enseñado, ¿qué tal soy de maestro?, pues, la hostia, ¿qué te parece, guapín? Vete a preguntárselo a ella o vete a verla.
-¿Eres un maestro duro o...?
-Yo soy Rodolfo. Como amo el baile no transijo que puedan hacer una cosa mala, y si hace una cosa mala la tienen que mejorar hasta que la hagan buena. Ese es el maestro que soy.
-Los alumnos que has tenido, ¿estaban preparados para el esfuerzo…?
-Al contrario, no estaban preparados, pero se les ha educado para tener ese esfuerzo.
-¿Las generaciones actuales tienen más predisposición al sacrificio, el  esfuerzo que la de tu tiempo u otras anteriores?
-Hombre, para quedar bien y políticamente correcto diría lo que acabas de decir tú…  Ahora no se esfuerzan como antes, la gente no quiere las cosas como antes, salvo excepciones. Pero en términos generales, no (no se entiende bien lo siguiente que dice, algo sobre una alumna suya que enseña baile flamenco y a la vez pilates, y es que Rodolfo tiene un día cansado) Estoy hecho polvo.
Ana Montero y su maestro (en el homenajea Rodolfo en 14 Jornadas Flamencas de Valladolid, junio 2017). Fotofrafía: Pablo Gestoso.
-Hoy hace bueno.
-Sí, pero esos cambios. Ha bajado la temperatura y vienen corrientes de aire fresco. Y eso no es lo mismo a tu edad, que yo también he tenido, que a la mía. Porque parece que estamos en el mismo tiempo, pues no, yo estoy ya en tiempo de irme a tomar por culo. 
-¿Piensas en la muerte?
-Cómo no voy a pensar. El que no piensa en la muerte es gilipollas. Claro.
-¿Qué sientes? ¿miedo?
-Pues más miedo que alegría. Alegría, ninguna. No te jodes, contigo, eres un cachondo tú. ¿Estás grabando? (asiento) ¿no decías que se te había acabado?
-Tenía demasiados archivos, así que he borrado unos cuantos y ya tengo espacio.
-Joder, lo que sabes. Bueno, pues de la muerte no quiero saber nada (risas). Ya me vendrá. Pero no te creas tú que es agradable, poner cara de idiota.
-¿Se tiene algún tipo de idea de cómo a uno le gustaría morir?
-A mí no me gusta morirme, ni riéndome siquiera. A mí me gusta vivir, me gusta la vida, ¿me entiendes? Me gustan las flores, los olores, los follajes, en todo el aspecto de la expresión (me hace reír). ¿A ti no? Porque eres turco y los turcos  cogen a la turca y se quedan dormidos.

viernes, 15 de septiembre de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (18-19 de julio del 2016 - y II)



-¿Fuiste a ver Camarón cuando vino aquí, a Valladolid, poco antes de morir?
-No (pausa). Es que también, te voy a decir una cosa. Dentro del conocimiento, y de la ignorancia, como Camarón era un progresista de la hostia, pues en aquella época, los que éramos los flamencos abigarraos que queríamos el purismo, encontrábamos a Camarón que era, fíjate qué tontería, pero, sí, que era una, cómo diría yo, degeneración del flamenco. Como que rompía los cánones del flamenco. Eso considerábamos (silencio), tell me more, please.
-Tantos años con (Antonio) Mairena
-Ocho años.
-El canon, la pureza, la ortodoxia mairenista...
-Un día en Albacete o Castellón, en un festival al aire libre. Llovía y se suspendió la función. Y yo iba paseando con Mairena, charlando, preguntándole de dónde salía el flamenco. Empezó a decirme cosas que ya sabes tú de memoria, que como me digas que las sabes te doy una hostia (reímos), como la de los vendedores, ¿sabías?, que ofrecían sus artículos y lo hacían voceando y dándole soniquete y sentimiento, para llamar la atención. Y vender.
-Conozco el pregón de Macandé.
-Claro (nos perdemos por historias ya contadas, o en otras que no tienen nada que ver con la historia de Rodolfo, y en eso que entra Blackie, la perra, “es mi amiga”).
-¿Cuántos perros has tenido, Rodolfo?
-Pues no sé. He tenido un dálmata, que era un cabrón (risas), no. Es que me hizo la zancadilla en el paseo central del Campo Grande, me pegué la hostia contra el suelo y cogió y se marchó en vez de ayudarme, por eso te digo que era un cabrón, pero no lo era (risas). Y gatos, me gustan mucho. Los animales me gustan mucho.
-¿Mientras más conozco a los hombres más quiero a mi perro?
-No, yo no tenía que llegar esos extremos de Diógenes, de ir con un farol. Me han gustado toda la vida los animales. Y los burros y los caballos, y las ovejas. Las ovejas menos porque las he visto más bobas. De tan buenas que son, parecen bobas. Hasta para ir al matadero, cuando las estaban matando no  se sobresaltaban con nada, ni con el olor de la sangre. Iban con una humildad que, jooooder. Por eso dicen: Cordero de dios que quita los pecados del mundo.

Antonio escucha a marquesa de llanzol durante ensayo cía. Foto: Juan Gyenes.

-¿Recuerdas, al principio, cuando estabas aprendiendo, cómo era un día de trabajo en la Compañía de Antonio?
-Era un trabajo de una seriedad y de unas normas estrictas, de todo. Era de verdad. Podíamos estar 6, 8 horas, depende. Y en los festivales, ensayar, montar las luces, los decorados, salir de madrugada. Y eso nos costaba a mí y a mis compañeros, que al salir nos parara la Guardia  Civil: “¿Y dónde van ustedes?”. Pues venimos de aquí, y no se lo creían y nos llevaron a comisaría. Yo, que era un cachondo, les vi que tenían en los cajones de la mesa botellas de priva, y además, más cachondeo, con compañeras mías que eran americanas me ponía a hablar en inglés con ellas, para joder a los guardias (risas).  ¿Ves que anécdotas más ricas, Don Benito? Hay un pueblo que se llama Don Benito (prosigue el vacilón, intercalado con hechos históricos de la ciudad de Valladolid, y algunos personales, que desembocan en la siguiente pregunta).
-¿Con la religión qué tal?
-Pues, soy verdadero creyente…  auténticamente creyente. El mejor amigo que he tenido en mi vida era un cura. Era impresionante, entrañable, superinteligente: Don Eduardo Zurro. Te pongo ese ejemplo. Y si quieres otro ejemplo, pasas a la biblioteca y ves lo que tengo, de religiosidad. Sí, lo soy.
-¿A pesar de la Iglesia o con la Iglesia?
-Esto me… (Se corta la grabación -ni idea de por qué. Viene Rodolfo a decir que a él el teatro le gusta en el teatro, y que cuando empieza a ver teatro en las iglesias... y que por eso no va a misa. Volveremos sobre la religión).

miércoles, 13 de septiembre de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (18-19 de julio del 2016 - I)

El 18 de julio de 2016 fue un día muy caluroso. Llegamos a los 40º en Valladolid. Lo sé porque así lo pone en el libro, Rodolfo Otero. Amor por la danza (Ediciones Fuente de la Fama, 2017). Ese día o no funcionaba la grabadora, el "espía", que decía Rodolfo, o no la encendí.
Había llegado a su casa sobre las doce del mediodía, la hora en que solíamos quedar. Puri, su mujer, me dijo que estaba acostado, que había pasado una mala noche. Y encima tenían problemas en la caldera de gas -se utilizaba en verano porque Rodolfo solía tener frío-, el indicador del agua había bajado a cero. Entre Puri y yo intentamos averiguar qué pasaba y cómo meter agua... no dimos con ello: llamada al técnico.
En eso se levantó Rodolfo, hecho polvo. Y alborotado. Había tenido un sueño relacionado con el atropellamiento de gente sucedido en Niza (Francia), unos pocos días atrás, por un terrorista que conducía un camión, y Rodolfo era el conductor. Se sentía asustado y enrabietado. Ese día que no se grabó, hablamos sobre los sueños, la locura, el cerebro y su funcionamiento, la ciencia. También de algún recuerdo suyo de infancia, que retomamos al día siguiente, ya con la grabadora funcionando, más o menos bien. 

-Ayer me hablabas de que ibas al matadero, al manicomio (de Valladolid, años 80) porque estabas cogiendo ideas para una coreografía.
-No ideas. Viendo cómo es la realidad para sobre esa realidad, si llegase el caso de que pudiera hacer una coreografía, tenía una documentación, en mi cerebro, de lo que es. Si tenía que hacer algo de un ‘venao’ en el manicomio, que le habían matado un perro, cualquier cosa, que lo he visto allí, lo podía hacer. ¿Sabías que antes el manicomio era sólo de mujeres? Luego metieron a todos.
-Esa coreografía iría sobre muerte, locura…
-Sobre todo. Lo que tuviera que hacer para una coreografía. Estar informado, y de la vida real como es, personalmente, más que una idea concreta sobre una coreografía.
-¿Guardas apuntes, notas?
-No, ¿por qué?
-¿No llegaste a desarrollar aquella coreografía?
-No... (el resto de la respuesta no se entiende bien en la grabación; creo que lo que quiere decir es que no encontró a nadie que necesitara -alguien tipo productor- de una coreografía así, pero él había reunido documentación).

Rodolfo Otero, foto escolar.

-También me contaste ayer de niño, con diez años, un incidente con tu padre, a cuenta de los libros de Dick Turpin, Nick Carter, que provocó el irte tú de casa, a Madrid.
-Sí, es verdad, pero no por eso, sino por todas las circunstancias. Por la aventura, más que nada. Era lo que había en Dick Turpín, Nick Carter, era la aventura. Pero yo ese día (en Madrid) me vi con las rodillas sucias, me fui a una fuente, me lavé las rodillas, me miré la ropa y me volví para casa. Me daba pena de verme así.
-¿Qué dijeron tus padres?
-Mis padres me fueron a buscar.  Porque llegué -de regreso- con el dinero que tenía hasta Coca. En Coca estuve andando por los caminos y la  Guardia Civil me preguntó que adónde iba solo. Y yo le dije, a casa de la señora María.
-¿Quién? ¿la guardagujas?
-Pues, sí. Resultado, que allí en Coca me admitieron en la casa de un Guardia Civil; llamaron a mi casa; vino mi hermano mayor, a recogerme. 
La fábrica de Pastas Aro, que estaba en la plaza San Miguel, esquina la calle León (Valladolid), hacían los macarrones, los fideos, todas las sopas. El hijo del dueño era alumno de mi padre -su hermana era la hostia de guapa, pero de morirte-, y le dejaron el coche a mi hermano para que fuera a buscarme a Coca, Segovia. Ya sabes mucho, ya, ma non troppo ¿no?
-No le gustaba a tu padre la fantasía.
-No. Fantasía, joder… es que… Pero el llegar y tener cojones para irme de casa siendo como era mi padre, hay que tener cojones. Eso no lo conoces tú. No ves una rectitud más grande en tu puta vida, en el colegio y en casa. Porque llegaba un maestro y no cumplía con su deber, debidamente, y le bajaba al patio que le iba a dar de hostias, ¿qué te parece como era mi padre? Como tenía que ser.
-¿Cuál fue su reacción cuando volviste?
-Pues que me llevasen a un correccional, o sea, humilde como una oveja, sí, sí. Por haber hecho la faena que había hecho. No solo era por mi padre, también por mi madre, la pobrecita.
-¿Estuviste mucho tiempo en el correccional?
-No estuve. Que me llevase. Lo pedí. O sea, arrepentido, reconociendo lo que había hecho.
Y entonces, cuando llegué a casa, me dijo: “No quiero tocarte, vas a comer aparte”. Y comía en la cocina, yo solo. Y mi mamá decía: “Pero cómo has sido tan bobo”. Así, como lo estás oyendo. Porque era, además de todo eso, era el escándalo, la transcendencia que tenía, no solo en casa, sino en el colegio: El hijo del director se ha marchado de casa. Joder. “Y por qué se habrá ido de casa”: los padres de los alumnos.
-Rodolfo la volvió a montar.
-¿Por?
-Porque tenías esas cosas así como rebeldes, de pequeño.
-No era una cosa de rebeldía, sino de LIBERTAD. Buscando la libertad por cualquier sitio, por cualquier rincón. Que no es lo mismo. De ahí me sale el flamenco, guapín. ¿Qué es lo que pide un flamenco? La salud y la libertad.


 ¿Estás aprendiendo mucho, no?

sábado, 9 de septiembre de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (14 de julio del 2016 - y III)



-¿Cómo viviste la postguerra?
-En ese patio de ahí (del edificio donde vive) estaban las cocinas del Auxilio Social. Mi hermano y yo abríamos las ventanas y nos colábamos dentro a comer a-zú-car. “Eh, que se ha oído! ¡Que hay alguien dentro!": los vecinos. La policía que vino. Se metió dentro. Nosotros estábamos dentro de las cazuelas (risas), eran unas cocinas enormes, gigantescas. Y no nos pillaron (risas).
-Veías a todos los pobres desfilar por aquí, entonces.
-¿Qué dices? Veía las colas de gente, en el patio, que no sólo eran pobres, había abogados y de todo. Después de una guerra, el desastre. Claro, claro. En el piso de abajo, en el primero derecha, había una criada que se llamaba Nati. La comida que sobraba de las cocinas la echaban en unos cubos enormes que estaban pegados a la pared, en este lado, allá, en el patio. Y venían. Con la boina, cogiendo la comida, como el arenero de la calle detrás de San Andrés, por ejemplo. Y esa hija de puta veía que cogían la comida y les echa un cubo de agua. Además de ser una criada ¿Qué tal? Historias para la radio ¿no?
Se ha pasado aquí, bueno, bueno… No había nada. De las algarrobas hacían como una pasta en lugar de azúcar. Eso es lo que había. Maravillas.


-¿Puedo preguntarte por tu madre?
-Sí, hombre, por qué no.
-¿Cómo era?
-Mi madre era impresionante.
-¿Participaba de la actividad cultural de la casa?
-Ella se mantenía aparte, y de todo lo político, ni ser franquista ni en contra de Franco. Para no armarla picuda. Porque a nada que dijeras aquí, ya te la habías ganado. ¿Por qué que quemaban las iglesias? Porque las iglesias han contenido a toda esa gente, acuérdate, desde la Inquisición quemando gente en la Plaza Mayor ¡qué bonito! Por pensar de otra manera. Joder. Parece mentira, pero es verdad. A ti no te ha tocado nada de eso, a dios gracias.
-A mis padres, sí.
-Hombre, ya ves. Entonces, te lo habrán contado. Y será igual o parecido.
-Sí, el hambre, la miseria, la gente rebuscando en las basuras, robando carbón en los trenes…
-Aquí enfrente había una chatarrería y llevaban hasta los carriles de los ferrocarriles, de las vías, para venderlo por hierro. Y en la (Plaza de la) Circular ahí estaba la chatarrería de Cayo, que se llamaba. Yo iba a vender también, íbamos a mangar todo lo que pillábamos, llamadores de las puertas... Como éramos críos, pues, lo que fuera. Pero nos hicieron una jugada, en la calle Núñez de Arce, los llamadores estaban comunicados con una cuerda y salieron los de la casa y nos dieron más hostias que (risas) lentejas daban por un duro. ¿Ves cómo eso no se me olvida? Porque preguntas, que si no, acordarme para qué. Yo eso que dicen, que pasar hambre vale para algo. No creo. Vale para pasar hambre. O para el momento, para tener astucia, tener argucias, cosas de esas.
Me estás haciendo recordar, la madre que te parió, te daba así. Fíjate, te obligaban, si estabas trabajando, a ser del Frente de Juventudes. O-bli-ga-do. En el Frente de Juventudes se empezaba de Flecha, luego Cadete, cuando tenias 16 años. Y tenían unas botas, de abrochar, y a todos mis amigos les embarqué yo para que se hicieran del Frente y tener todos botas (risas), las daban ahí en la calle Dos de Mayo. ¿Sabes que en esa calle, esquina General Ruiz, había un cine? El cine Hispania, era el más alto que había en Valladolid.
Luego había otra, que te hacías de los Koskas, curas, jesuitas, que tenían un cine en la Plaza de Santa Cruz, donde están las Carmelitas. Te hacías de todo por ir al cine, porque te dieran bocadillos, que si por leer el catecismo te daban..., cosas de esas, había que ingeniárselas ¿no?
-Mi padre me contaba que de chavales, algunos cogían el hatillo y se iban por ahí de maletillas, a las corridas de toros en los pueblos, a buscarse la vida, robaban algo en las huertas, de camino…
-Sí, sí. Mira (señala unos cuadros de toros que tiene colgados en el cuarto). Mi padre nos llevaba a la plaza de toros a ver las corridas.

Arte: Manolo Sierra.

-Viendo en el estudio el cartel del homenaje a Amador González, entre los colaboradores estaba la Peña El Quejío, que se formó a principio de los 80, y tenía un cuartito en La Acequia, donde se reunían.
-¿No se reunían en el Dallas?
-No, esa era la Peña La Siguiriya.
-Ah, es la de la carretera Segovia.
-No sé. Creo que había otra en la calle Niña Guapa, en una bodega.
-La bodega de Vicente. Ahí he bailado yo, el menda. Fue hasta el Alcalde allí. Y el padre de un amigo mío que estaba en la Renfe se quedaba, “pero qué brazos más largos tienes”, decía. Ya estás haciendo la colilla del tío… (estoy liano un cigarro). Lo peor es el papel ¿no? En la calle Muro estaba la fábrica de papel Zig-Zag. He fumado...
(Me lleva a una habitación y me enseña una foto enmarcada, tamaño grande, de su madre. Vestido años 20, elegante. Antes de irme. En la habitación donde su padre y su hermano daban las clases).
-¿Vivió bastante tu madre?
-Sí. Bueno, bastante, mayor, sí.

jueves, 7 de septiembre de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (14 de julio del 2016 - II)


-¿Y tú eres de Valladolid, Benito? ¿de qué calle?
-Yo nací en la calle Renedo.
-Aaaah.
-Y, con cuatro o cinco años, nos trasladamos a la calle Porvenir, entre los Vadillos y la Circular.
-Que bien. ¿Y jugabas en la calle tú, y todo?
-Sí, claro. Tengo el recuerdo de la calle Renedo, que todas las noches había canteas entre los chicos, de una acera a otra, o de un portal a otro, eran casas enormes.
-Sí, y aquí los de San Andrés contra los de San Juan, no te jodes. Y se retaban y quedaban en el páramo de San Isidro.
-¿Iban hasta allá?
-Sí, a darse de hostias, a las canteas. Yo he ido también. Y con los tirachinas y la madre que lo parió, joder.
-El escándalo que montaban las madres cuando a alguien le daban una pedrada, la sangre, gritos.
-Te voy a contar una. Yo cogía en la buhardilla (del edificio donde vive), levantaba la trampa, me subía al tejado y andaba por las tejas. Se cayó un cacho de teja y le cayó a un chico y se le partió la cabeza. Y subieron aquí (a su casa), al hijo del director. Las hostias que me dieron. En casa. Fue sin querer, pero yo no tenía que andar por los tejados, y yo andaba, y me ponía al sol como los sapos, y miraban, y ese niño que se va a caer.


-¿Tu padre, políticamente, hacia donde se decantaba?
-Mi padre era… en Montilla, Córdoba, donde yo nací, nada más que fundó un periódico. Republicano. Que se llamaba “Oro y oropel” (ríe), nada más y nada menos. Pero él no presumía de nada, de si era republicano o no. Pero, lógicamente, sí lo era.
Tu amiga Teodora,  a la que la apresta la cincha (se refiere a la que fue la vecina de enfrente de su casa, y también mía en el tiempo que viví allí hasta que murió Fé, como quería que la llamáramos –lo de “la cincha”, sería desviarnos mucho el contarlo, pero a Rodolfo le servía para vacilarme, motivos tenía-). Esa le denunció. A mi padre. El padre de Teodora era Don Luis, maestro del colegio donde mi padre era director, el Miguel de Cervantes. Y le denunció. Y le llevaron al Gobierno Civil. Pero como mi padre no era tonto, y encima sabía, pues daba clases de inglés, de alemán, en casa, y los alumnos que venían pues eran todos de derechas y entonces ya tenía defensa.
-¿Por qué le denunció?
-Porque era director del colegio y el que había colocado a su padre, por la envidia ¿Por qué pasó la guerra civil nada más que por la envidia?
-¿Qué recuerdas de la guerra, aquí, en Valladolid?
-Yo era pequeño cuando la guerra. Pero veía a los alumnos de mi padre pasar por aquí –por la calle de su casa-, iban de manifestaciones con el pañuelo rojo cantando una canción que decía (canta con voz de niño, en plan choteo): somos pioneros / hijos de obreros / no tememos la muerte / ti ti ti di di… ¡esas pijadas! ¡los de la casa verde! Encima, nos amenazaban, porque vivíamos en esta casa. Y me acuerdo, eso es un flash que se te queda para toda la vida. Vinieron a buscar a mi padre. Mi padre les pasó al comedor. Y según vinieron, se fueron. Pero los que le llevaron al Gobierno Civil… aquí eran nazis todos, los de extrema derecha… radicalismo de mierda, que no es bueno para nada, el de ningún lado.
Sí me acuerdo. Hasta del carro blanco de caballos que llevaba el ataúd de mi hermana, que murió en la otra casa antes de venir a ésta. La única hermana que tenía.
Me bajaron para que no lo viera, donde unas vecinas, que eran las de cristalerías Jover, de la calle Platerías, pero yo me asomé al balcón y vi el carro blanco con las plumas en la cabeza de los caballos. Pues sí me acuerdo.(Entra Puri: “Benito, te voy a interrumpir un momento, ¿me miras el filtro de la lavadora que no lo podemos sacar?”. Salgo un momento -no recuerdo qué pasó con el filtro- y retomo la charla con Rodolfo).
Por otro lado, mi padre: “Tenéis que ir a la iglesia y a la catequesis”. Y como hacíamos lo que nos salía de los cojones, mi hermano y yo, pues íbamos a San Andrés, pero a jugar. Pero, mi padre: “¿de qué color es la casulla del cura?”. Y ahí nos pillaba. O sea, que así estaba el tema. La gente iba a ver fusilar ¡a San Isidro! ¡y hacían una kermesse! Entonces el Gobernador militar que había, que se llamaba Tomás Romojaro, prohibió que se celebraran esas fiestas que se hacían con churros, caramelos, con todo, después que los habían fusilado ¡qué bonito y qué gente más buena! Y esta (la vecina que denunció al padre) que era una c… de cura… Pues sí había que tener mucho cuidado porque si no te pillaban por un lado te pillaban por otro (risas). Estábamos acorralados.
-¿Tu padre siguió al frente de la escuela?
-No, no apartaron a mi padre de la dirección del colegio.


martes, 5 de septiembre de 2017

'Rodolfo Otero: Amor por la danza', en versión original (14 de julio del 2016 - I)



-Tuviste un proyecto de proponer la creación de un ballet regional, con la Junta de Castilla y León, creo.
-Con el Ayuntamiento. Pero sabían quién era. Y no iba a ser yo más que el Alcalde.
-¿Qué quieres decir con “sabían quién era”?
-Joder, pues a nada que se tenga un poco de conocimiento de la cultura y estar actualizado, pues sabían lo que era un ballet, lo que era un bailarín, donde había trabajado, en qué sitios, qué categoría tenía, que... todo; sabían los idiomas que hablaba, pero ¿cómo voy a ser yo más que un alcalde? No jodas… Esa es la mentalidad que tenían.
-Pero, ¿cómo era el proyecto que presentaste?
-Pues yo lo que presenté fue formar un ballet de Castilla y León.
-¿Lo llevaste a la Junta, también?
-¿la Junta? La Junta era una mierda, todo ha sido una mierda. Aquí no hay nada de respetuoso, ni que se merezca un respeto de verdad. Únicamente, ahora, parece que están anexionando cosas en la Universidad para darle categoría, más.
-Pues la universidad no tiene un duro y depende de la Junta para tenerlo.
-Pues ya está, pues eso. Y ellos están viviendo y por qué tienen que vivir esos, para qué. Como las Diputaciones, para qué ¿para los pueblos? Mentira, viven para ellos. Bueno, yo lo veo así. O por lo menos me lo han demostrado con los hechos. Ahora, que no me vengan con que Mariemma se la ha hecho, oh…! Y le han puesto el nombre a una calle.
Te voy a decir una cosa: que no es solamente, aquí. También en Andalucía. Mira en Sevilla. Antonio era sevillano y yo no sé que le hayan hecho ningún homenaje.  A Antonio el Bailarín. Mi maestro. El mejor bailarín que ha habido, 500 veces, sin comparar con Vicente Escudero. Sin comparar. Porque Escudero en lo suyo, en el rollo castellano, que si la sobriedad y los cojones… hay que mover el esqueleto para bailar. No bailar como un palo para que no le llamen maricón (risas). Me río de mi mismo de lo chistoso que soy. Por los cojones.

Antonio y Mariemma.

-Antonio pasó de serlo todo en este país a, como mucho, un referente para los entendidos en el baile, en el flamenco.
-Es que ha habido ahí mucho… Yo creo que el pretender ascender por lados que no son los… no estoy hablando ni de ética ni de moral, pero que no son los apropiados a los que se debe consagrar uno que se dedica a algo, con amor, con dedicación, con trabajo, con constancia; no con influencias anexas que pudiera ser Duquesa de Alba o cosas de esas. Y luego pinchotazo que le han dado, por meterse con la Casa de Alba. Es que meterse con la Casa de Alba es meterse con todo. Según ellos. Ella podía hacer lo que le saliera del coño, pero él no.
Por eso, ir ascendiendo por cauces que no son los tuyos, los de verdad, te pueden llevar a donde le llevaron a él: a caer en el olvido. Porque ha habido gente que se ha dedicado a... pues a eso.
-A Antonio, entre los flamencos, creo yo, tampoco es que se le cite mucho, como que no se le considera tanto…
-No le han querido dar la importancia que tiene. Se la han negado sus propios paisanos. Simplemente la forma de hacerlo, que eso es el arte, que no es sólo la armonía, la estructura de danza, sino el puro sentimiento refinado ante la verdad de lo que está haciendo. El "Zapateado", de Sarasate. Solamente verle es para… adiós… al otro mundo. La hostia. Y no tiene pasos complicadísimos… es la manera de hacerlo…

No vayas a poner… a ver si ahora recibo yo las hostias de la Duquesa (risas). Lo que sí puedes decir es que Antonio, cuando le llamaba la Duquesa de Alba, que se ponían a hablar en español, dijo él: hablemos en inglés, que Rodolfo no se entera.
-Ya me contaste, sí.
-Y él lo hacía para que me enterase. Porque, claro, no hay cosa más jodida que el querer tener un hijo duque y él, querer ser duque de pichapelada (risas). Qué bobadas. Pero esas son las bobadas de la gente, lo que somos.
-En esa cartilla de trabajo que me enseñabas el otro día, donde ponía profesión decía bailarín; ¿bailaor no se llevaría?
-Porque era de taberna, y la taberna era una mierda. Según ellos (ríe). Claro, pues ahí está, buah, es una taberna. Eso era la época que hemos vivido. Yo, en mis años. El flamenco estaba menospreciado, denostado; ¡bah, el flamenco!
-Eso más con Franco ¿no?
-El flamenco tenía consideración entre la gente flamenca, pero no entre el pueblo. La Macarrona, La Niña de los Peines, eso era la vulgaridad, era lo que pensaban, que el flamenco era una mierda (se ríe, porque a veces es para echarse a reir).
-¿Tú has ido a tablaos?
-Claro que he ido, a todos los que había. Las Brujas, por ejemplo.
-¿Llegaste a bailar en tablaos?
-¿No llegué yo a bailar? Creo que no… me estás haciendo pensar. No creo. La verdad es que no practicando se conoce que la cabeza, ya no se trata del tiempo, se me olvidan los nombres… las Cuevas de Nemesio… Y otros tablaos que ahora no me acuerdo (intenta acordarse), Zambra, que era el más de rigor clasista puro del flamenco; era de un vallisoletano, para que lo sepas… el de Lola Flores que estaba enfrente del Ministerio de Marina… Pero ya te digo, el flamenco estaba mal visto, era como beber vino tinto  o beber en porrón. Tenía que ser de marca y descorchado.


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