lunes, 22 de agosto de 2016

Atracción por el flamenco. Francisco López: Toros, ajedrez, otros espacios de dominio (y 3)

A mi madre también le gustaban los toros y las dos o tres veces que he ido ha sido con ella.
Con veintitantos, creo que había terminado la carrera, hicimos entre varios un Club Taurino. Mi interés por los toros no estaba vinculado con el flamenco.
Estuve un año. La cuestión era darle al club un aire más cultural o intelectual. Mi idea era extender eso de los toros, sacarlo del mundo este taurino -ganaderos, representantes, toreros-, que es muy asfixiante, es muy difícil meterte ahí. Y a través de esta Asociación Universitaria que entrase un poco de aire, tanto para disfrutar de los toros, como para criticar o investigar. Me interesaba lo del porqué de los toros, dar muerte a un animal, esas reflexiones o emociones que despierta el toro. Lo dejé porque los objetivos de los demás miembros iban más de entrar, a través de la Asociación, en ese mundo. Yo estaba por una Asociación más dinámica y abierta.
La emoción del toreo. No he llegado… lo entiendo, pero es más cerebral, no me ha llegado como el flamenco, ni mucho menos.

Israel Galván en "Arena" (Fotografía: Félix Váquez)
No sé si fue Ponce o Espartaco al que vi. Ese dominio absoluto sobre el animal, macho. Más que los lances en sí, lo que me dejaba perplejo era ese dominio. que para mí significa la capacidad que tenemos de someter las 'bestias'; decir, soy capaz de dominar el instinto y hacer además algo que puede emocionar, conmover. Esto a mí no me ha pasado en las corridas que he visto, pero lo puedo entender. Transmitir ese dominio, más que someter, sacar las virtudes del oponente (los instintos), y haces que esa muerte tenga un sentido.
Yo supongo que eso es el arte, algo misterioso, y que, de pronto, todo el mundo entiende lo que está pasando ahí, en la plaza. Un hombre dominando la situación, que controla el tiempo y lo hace de una manera natural. Y en esa naturalidad… uff… como que fluye el universo y el tiempo y el espacio… es una cosa…


El ajedrez es uno de mis puntos débiles. Posiblemente sea lo mismo; aunque aquí hay una competición. En los toros, por mucho que se hable del escalafón, que si sales a hombros, que si las orejas, que si soy más figura que el otro, en el fondo no hay una competición, o te sale bien o te sale mal. Y los toros no es un juego o no está tan claro que lo sea. En el ajedrez lo de ganar importa mucho; aunque cuando estás jugando, lo del ganar puede pasar a que tus piezas tengan una armonía, haya un compás; y yendo a una relación con el adversario, porque como en todo te tienes que poner en lugar del otro. Y jugar con esto.
Y luego está que es algo individual, que es lo que me gusta. Uno contra uno, que es uno contra sí mismo y cómo juegas eso. Ha habido partidas gloriosas, divertidas, muy divertidas.
El baile flamenco nunca lo he pillado. Sí veo en él, siempre, una energía, un poderío, ese transmitir la espontaneidad a través del cuerpo… no me llega como con el cante. Tal vez, es algo pendiente. ¿Qué es el baile? ¿Por qué nos movemos? ¿Por qué tenemos esa necesidad de expresión corporal? Me llama la atención que el flamenco tenga toda esa riqueza de bailes. Lo relaciono con el impulso sexual, el sexo, algo primario, esa energía que te genera, esa locura, ese dejarte ir.


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